Cuento andino: EL ZORRO, EL C脫NDOR Y EL CERN脥CALO 馃馃馃惁

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EL ZORRO, EL C脫NDOR Y EL CERN脥CALO


A un zorro olet贸n, conocido como el perrito de toda boda, le dieron la noticia de que se preparaba una gran festividad en el cielo y, en su porfiado empe帽o de husmear, se encamin贸 en busca de su amigo el c贸ndor para que lo condujera all谩.

Llegado que hubo a la madriguera de su compa帽ero de rapi帽a, muy cort茅s y reverenciosamente le dice:


— ¡Compadre! Pl谩ceme saludarlo y a su vez rogarle me lleve al cielo, adonde he sido invitado para tocar la guitarra en la gran fiesta.

El c贸ndor, que le deb铆a favores, le contest贸:

—Con much铆simo gusto le servir茅 de rocinante: pero usted me remunerar谩 con dos llamitas tiernas, porque tan gordo como est谩 usted debe pesar mucho.

—No solamente dos, compadre, ser谩n cuatro.

Cerrado el convenio, el c贸ndor ech贸se a cuestas a su compadre, recomend谩ndole se abrazase bien y cogiera la vihuela con los dientes. Emprendieron el vuelo dejando abajo 谩rboles y cerros hasta perderse en las nubes.

Hendiendo ufanos los aires, llegaron a las puertas del cielo, que se abrieron a los golpes del zorro.

Sorpendi贸se el portero al encontrarse con semejantes hu茅spedes en aquellos parajes, y pregunt贸les la causa de su presencia en ese lugar, a lo que repuso el zorro ser un eximio m煤sico y haber venido con el exclusivo objeto de alegrar a los esp铆ritus. No dej贸 de hacerle gracia al viejo la peregrina ocurrencia, invit谩ndolos a que pasaran adelante.

Conducidos ante el coro de los esp铆ritus, el zorro principi贸 a dejar o铆r los preludios de un pasacalle, lo que hizo que los esp铆ritus soltasen la risa a caquinos. Como en ninguna parte faltan bromistas, a uno de los tentadores se le ocurri贸 emborrachar al m煤sico. Entusiasmado 茅ste con la buena chicha, la fiesta pas贸 de punto y el zorro, borrachito, comenz贸 a zapatear al son de la guitarra, entonando con voz meliflua la copla siguiente:

Arr铆mate rechinante

para que pase el llanque,

y tenga ancho campo

adonde extender el poncho.

Ebrio el zorro, pon铆a o铆dos de mercader a las instancias del c贸ndor para regresar; por lo que, aburrido, 茅ste levant贸 vuelo y se vino a tierra.

Al despertar el zorro se vio solo en esa inmensidad, sin su querida vihuela, que le hab铆an hurtado. Acongojado y temeroso comenz贸 a llamar y dar gritos conmovedores; pero en vano. Recorr铆a de arriba abajo y de un lado a otro esas extensas praderas sin ser viviente, en donde s贸lo crec铆a paja.

Desesperado, no pensando sino en la muerte ¡y qu茅 muerte! ¡de hambre!, se le ocurre que con la paja podr铆a fabricarse una gran soga y descolgarse por ella.

Dicho y hecho; en poco tiempo torci贸 una soga de inmensa longitud que estim贸 suficiente para alcanzar tierra; at贸 un cabo al cerrojo de la puerta y arroj贸 el resto, comenzando su peligroso descenso, alegre y satisfecho de haber encontrado el medio de salir con vida de ese desierto.

A medio camino tropez贸 con un cern铆calo muy atrevido que comenz贸 a revolotear a su alrededor roz谩ndole el hocico con las alas y con tono petulante a interrogarle?

— ¿Y compadre, c贸mo le ha ido en la mansi贸n celeste?

Infatuado el zorro de haber bailado en el cielo, con mucha prosa se le encara: — ¿Desde cu谩ndo un rangalido como t煤, un tan feo avechucho, puede ser compadre de un caballero?

Amostazado, el cern铆calo le respondi贸 a su vez:

—No son caballeros aqu铆 ni abajo los ladrones de gallinas, hermanos del zorrillo pest铆fero, ¿C贸mo puedes t煤 nunca equiparar al que cruza libre los aires con los que van al cielo a roer huesos?.

Gru帽贸 de rabia el zorro, lanz贸 su imprecaci贸n altamente denigrante para el cern铆calo que, lleno de ira, la arremeti贸 con la soga a picotazos, y la cort贸; mas el fatuo zorro, a pesar de hallarse en peligro, segu铆a insult谩ndolo: “¡Nariz torcida! ¡Nariz de cuerno! ¡Cuidado con cortar la soga!”.

No bien siente el zorro que la soga se arranca y se hac铆a m谩s vertiginoso su descenso, comenz贸 a dar voces pidiendo le tuvieran misericordia y le tendieran paja o mantas para recibirlo y evitar se estrellase. Nadie escuch贸. Y fue tan r谩pida su ca铆da que antes de que percibieran sus alaridos estaba en tierra hecho a帽icos.

¡Triste fin el de todos los presuntuosos y palanganas: suben en alas de amistad y mueren aplastados si se les deja a su propia suerte!.

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